Amor, protección, prosperidad y paz. Siete divinidades ancestrales, unidas por Iemanjá —Reina del Mar—, reunidas en un mismo medallón para acompañar cada intención de tu vida.

Hace generaciones, cuando distintas tradiciones se encontraron a orillas del mar, nació la devoción por siete divinidades protectoras, unidas por Iemanjá, Reina del Mar. Cada una guardaba una fuerza; juntas, un amparo completo.
En los altares se las invocaba por amor, salud, trabajo y dinero. Con el tiempo, esa fe pasó de las ceremonias a la vida cotidiana: de abuela a nieta, de mano en mano, el símbolo se volvió talismán personal.
Hoy el Medallón de los Siete Poderes reúne esas siete fuerzas en un mismo objeto, para que cualquiera pueda llevarlas consigo. Un pedazo de tradición viva, hecho para acompañar tu intención.
“Un instrumento para el bien, hecho para atravesar el tiempo.”
Según la tradición, cada uno de los siete poderes acompaña un aspecto distinto de la vida. Elegís la cinta de tu pedido y esa fuerza se vuelve tu compañía de cada día.

Cada poder brilla en su color. Elegís la cinta según lo que quieras invocar, y esa fuerza te acompaña.
El fuego que abre caminos. Cuando todo parece cerrado, enciende nuevas oportunidades en el trabajo, el estudio y el amor.
La fuerza del sol. Cuando el cuerpo y el ánimo flaquean, devuelve la energía para volver a sentirte de pie.
El silencio sagrado. Trae paz espiritual y serena la mente inquieta.
La espada que libera. Corta aquello que oprime y devuelve la libertad a quien se siente atado.
Las aguas que serenan. Dan impulso para avanzar y armonizan todo el ambiente que te rodea.
La luz mayor. Amor y prosperidad: la unión de los siete poderes en uno solo.
El sendero claro. Guía hacia la abundancia con sabiduría y foco.
El medallón llega con las siete cintas, para que elijas la fuerza que hoy necesitás.
“Sagrada medalla de protección, líbrame de los males del mundo y hacé de mí un instrumento para el bien. Concedeme aquello que tanto anhelo.”
Palo santo, lino y agua. Un pequeño altar para tu intención de cada noche.
Un gesto simple que se vuelve sagrado. Durante tres noches, dedicá un momento a solas a tu intención.
Elegí el color de tu pedido y atalo al medallón. Ese es el poder que vas a invocar.
Al oscurecer, encendé una vela, sostené el medallón cerca del corazón y pronunciá tu intención.
Repetí el ritual tres noches seguidas. Después, llevá el medallón siempre con vos.
Una vez por semana, dejalo toda la noche en un vaso con agua para renovar su energía.
Metal grabado, esmaltes de colores y siete cintas de raso. Un objeto pensado para durar.






Mucho antes que nosotros, los pueblos antiguos entendían el color como un lenguaje. En sus rituales, el rojo encendía la vida, el blanco llamaba a la pureza, el verde celebraba la tierra y el azul serenaba las aguas. Elegir un color nunca fue casualidad: era elegir una intención.
Historias reales de personas que sumaron el medallón a su ritual. Las experiencias son personales y pueden variar.

“Elegí la cinta roja pidiendo por mi trabajo. Lo llevo siempre; me da una calma que no tenía.”

“Hago el ritual de las tres noches. Es mi momento a solas, se volvió sagrado para mí.”

“Llegó con sus siete cintas y la bolsita. Se siente un objeto de verdad, con historia.”

“Lo pedí con la cinta naranja, por amor y abundancia. Pagué al recibirlo, todo muy claro.”
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